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El miedo de ser nosotres mismes.

 

 

Ana PomarMargarita Romero, y Marcos Galindo.

 

La expresión “salió del clóset” es usada de manera muy común cuando una persona habla abiertamente acerca de su orientación sexual o identidad de género. Para todes es común el significado de esta frase, es decir, sacar a la luz algo que se ha ocultado. Sin embargo, en esta oportunidad queremos cuestionar esta “salida”, pues si fuéramos sociedades respetuosas de nuestras expresiones psico-sexoafectivas no se tendría la necesidad de ocultar o salir del clóset.

El continuo avance tecnológico ha permitido a la medicina poder determinar el sexo biológico de un ser humano desde la vida intrauterina, es así como desde el proceso gestacional somos catalogades en lo masculino o en lo femenino, lo que implica que a lo largo de nuestra niñez nos expondrán a lo que la sociedad considera correcto de acuerdo al sexo con que nacemos: nuestra ropa y su color, el largo del cabello, los juguetes que tendremos, e incluso nuestro grupo de amigos y concepto de amor serán representativos de nuestro sexo biológico. Ya que libros, televisión, la propia familia, y nuestro entorno social nos has enseñado que la atracción entre dos personas de sexos opuestos es “lo correcto”, mientras que toda aquella preferencia sexual distinta a la heterosexualidad es considerada “desviada”, “incorrecta”, o “un motivo de burla y señalamiento”.

Tristemente hoy en México la intolerancia hacia las diversidades sexuales sigue siendo latente, como prueba la negación de ellas aludiendo a que son “etapas”, que “no saben”, “les falta madurar”, entre muchas otras que niegan la diversidad sexual que existe. Viéndose ensalzadas por expresiones de intolerancia y odio, así como de otras prácticas más invisibles y, en consecuencia, más peligrosas, pues se asumen como normales cuando no lo son.

En ese sentido, la heteronorma es un enemigo silencioso del respeto a la diversidad sexual. Primero hay que entender que lo heterosexual no es lo normal, únicamente es lo que se ha erigido como lo común. Ello implica que el mundo en el que la mayoría nos desarrollamos nos enseña que la pareja es entre un hombre y una mujer, que si bien es común no es normal, es decir, no es una regla que se tenga que cumplir a cualquier costo, sólo existen personas heterosexuales así como también existen personas homosexuales, bisexuales, pansexuales, y todo el espectro de diversidades. Pero lo que sí debe ser una norma es que todes somos diversos.

Por ello, se vuelve vital entender que lo normal en la vida es la diferencia. Observen su entorno, sus redes sociales, amigos, familia. Ninguna de esas personas es igual, tenemos tamaños de cuerpos, estaturas, cabello, piel, ojos diferentes y eso es normal. En el mismo sentido operan las orientaciones sexuales e identidades de género. Lo diverso es lo valioso, al entender eso no se tendría que enfrentar una salida del clóset constante, en la que se cuestiona su expresividad, sus emociones, sus gustos, todo en aras de encasillar a las personas en orientaciones sexuales como si eso fuera indispensable para relacionarnos, lo cual no sucede salvo que tengamos interés sexoafectivo en la persona, sólo bajo esos términos necesitamos conocer si sus intereses sexoafectivos están en consonancia con nuestros intereses, en tanto respetemos y normalicemos la diversidad.

Para todas aquellas personas que no son heterosexuales, poder expresar sus gustos y preferencias se convierte en un martirio constante, “salir del clóset" nunca ha sido fácil y aún en pleno siglo XXI declararse con una orientación sexual diferente a la heterosexualidad es, para mucha gente, un miedo constante por el rechazo, este miedo comienza desde la misma persona: sentirse diferente, tener gustos diferentes representa un choque emocional, por lo que el primer sentimiento es confusión seguido de la negación.

Al salir del clóset las personas quedan en un estado de vulnerabilidad, y tristemente la mayoría son rechazades por familia y amigos, aunque en casos más extremos son obligades a someterse a “tratamientos de conversión”, que van desde “terapias" hasta privación de la libertad en donde son sometides a violencia, tanto física como emocional.

Por suerte no todes pasan por este proceso, algunos cuentan con el apoyo de personas que se vuelven una red de apoyo valiosa; sabemos que para un grueso de la población es difícil entender que alguien a quien aman profese una orientación sexual diferente, no obstante, después de un proceso de deconstrucción se debe anteponer el amor a esta persona por sobre todos aquellos prejuicios de la sociedad.

Cuando se habla de diversidad sexual la palabra clave es normalización, se debe de entender que la heterosexualidad es sólo una de las muchas preferencias sexuales, a las personas heterosexuales raramente se les cuestiona sobre su sexualidad, mientras que la comunidad LGBTTTIQAP+ se ven orillada a “salir del clóset” en cada aspecto de su vida, y con cada persona nueva que conocen, como si se tratara de rendir cuentas sólo por ser diferentes.

Cabe señalar que cuando nos encontremos en la otra trinchera nos corresponde ser confort, porque aquella persona que se atreve a “salir del clóset” con nosotres ha pasado por un devenir muchas veces doloroso, estigmatizado, de deconstrucción, de valentía, de autocuestionamiento y de reflexión. Es nuestra obligación ética comprender las veces que esa persona renegó de su existencia por el simple hecho de un mandato social, empatizar con aquellas palabras hirientes que son lanzadas a quemarropa hacia su esfera psicoemocional por simplemente no encajar en el estándar heteronormado, concientizarnos de todo el tiempo invertido en autocuestionarse y envalentonarse a defender lo que es en un contexto que lo mira con displicencia voraz.

Las personas que salen del clóset no lo hacen una vez, lo pueden hacer cientos de veces. La primera salida es consigo mismes, puede que sea con amigos, familia nuclear, familia extendida, trabajo… pero siempre como decisión propia.

Nos corresponde ser red de apoyo con quienes deciden expresarse tal cual son en circunstancias avasalladoras. También es entender que cada persona tiene el legítimo derecho para decidir el momento de hacerlo, o de no hacerlo. Jamás presionar. Cada uno sabe los fantasmas y los monstruos internos con los que decide pelear y vencer.

Apelamos a incentivar el ideal de que nadie deba de salir de clóset, normalizar todas las diversidades sexuales y vernos como seres humanos nos enriquecerá más como personas. Nunca permitamos que alguien nos infunda miedo en ser nosotres mismes.



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