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DE LA CIENCIA [NEO]LIBERAL:

Creación de vacunas contra Covid-19 en México entre la coperacha y la utopía.

 

Ana Pomar, Margarita Romero, y Marcos Galindo.

 

Recientemente en nuestro país el tema de la ciencia ha cobra mayor importancia, debido a la necesidad de vacunas que aminoren los embates que ha producido la pandemia causada por el virus SARS-COV2. Y no es producto de épocas recientes, desde la invención de las primeras vacunas, y su desarrollo a lo largo de los siglos, se ha visto la importancia de la ciencia para el desarrollo y supervivencia del ser humano. De hecho, el 14 de marzo de 1796, el médico rural, Edward Jenner, tomó la decisión de inocular pus infectada con una variante de viruela que afectaba sólo al ganado vacuno, y ése fue el primer paso para lo que hoy conocemos como “vacunas", modificando, así, la historia de la medicina y de la humanidad.  A lo largo del devenir histórico de la raza humana, se han enfrentado diversas pandemias, en las cuales las vacunas han sido el método predilecto para la prevención y erradicación de muchas de estas enfermedades. 

En la actualidad, tenemos más de un año en confinamiento, más o menos estricto. En este periodo nos hemos adaptado a las nuevas medidas sanitarias, a salir poco o casi nada de casa, a restringir nuestros trabajos, aprendizajes y experiencias sociales a través de Internet, redes sociales y pantallas digitales. Sin embargo, seguimos con miedo, pues vemos cómo todos los días mueren personas a causa de Covid-19, y aunque el proceso de vacunación inició desde diciembre del 2020, éste sucede en extremo lento. Para la aplicación de vacunas en México dependemos del exterior, de cuántas vacunas se consigan por acuerdos comerciales o por restricción fronteriza. Y frente a este panorama, se presentan unos destellos de esperanza mediante científicos y científicas que trabajan para crear vacunas propias, por ello consideramos relevante resaltar su labor y reflexionar sobre esas particularidades. 

            En ese sentido, es necesario tener presente el desdén que la presente administración ha tenido para con la ciencia. Y sólo basta recordar los señalamientos y el repudio que tanto se pregonaba en contra de la “ciencia neoliberal”, o los recortes presupuestales a la educación y la ciencia nacionales, o la desaparición de fideicomisos que incentivaban la investigación científica, entre muchas otras actitudes. En ese contexto, la realidad se hizo presente.

            Hoy día, se quiera o no, todas las naciones buscan los beneficios que la ciencia nos permite hacer realidad: una vacuna que posibilite regresar a nuestras actividades cotidianas como las conocíamos, o al menos a algo parecido a ello. No obstante, y a pesar de todos los rezagos que teníamos como país, existen instituciones que luchan e intentan crear ciencia. En marzo de 2020 la Secretaría de Relaciones Exteriores convocó a diversos proyectos mexicanos para el desarrollo de vacunas. Dichos proyectos se unieron para formar un consorcio y, pese al extraordinario esfuerzo que se realizó, no se ganó el financiamiento económico, debido a que no se contaba con el nivel requerido en dicho momento. La pregunta que surge es ¿en dónde estaba el apoyo del gobierno mexicano, no sólo de ahora, sino de décadas pasadas?  Aparentemente este soporte financiero estaba y está ausente. Ya que durante esta pandemia el sector sanitario destacó por ser insuficiente y precario. La ciencia respondió en el mismo sentido, puesto que, pese al conocimiento de estos proyectos, ni la Secretaría de Salud ni en gobierno de México se han pronunciado para apoyar. Si bien es cierto que la vacuna es, por el momento, la única forma y la más eficaz para hacer frente a esta pandemia, para el gobierno ha sido más fácil negociar la compra de vacunas extranjeras que apoyar al talento y conocimiento nacional.

Con todo en contra, una nueva esperanza surge en el estado de Querétaro, en especial en la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), en donde se está desarrollando una vacuna gracias al donativo de 3.3 millones de pesos de la Secretaría de Relaciones Exteriores, 2.9 millones de pesos donados por la población queretana, más el 1.2 millones de pesos donados por la universidad, hacen posible que esta vacuna sobresalga y continué pese a la evidente negligencia del gobierno para manejar esta pandemia. Así, existen otras instituciones mexicanas que experimentan e indagan en otras vacunas que han estudiado y analizado (a pesar de las adversidades económicas y sociales).

De hecho, el sábado 27 de marzo de 2021 pudimos observar y participar en el “Vacunatón” organizado por la UAQ, mediante redes sociales, con la finalidad de recabar fondos para seguir con las fases de investigación de la vacuna contra el SARS-COV2.  Sin embargo, la pregunta dolorosa que surge es: ¿por qué en México la ciencia tiene que mendigar por apoyo gubernamental? La meta se logró, sin embargo, el hecho en sí resulta esperanzador y alarmante a partes iguales. Pues, por un lado, la esperanza nace al saber que existen proyectos mexicanos como los de la UAQ (la UNAM, el IPN, el Tecnológico de Monterrey, la Universidad Autónoma de Baja California y el IMSS) que están realizando investigación para crear esta vacuna.  Por otro, alarmante ya que los financiamientos gubernamentales no son suficientes y se tiene que recurrir a solicitar financiamientos a la sociedad mexicana. 

Este hecho denota varios elementos importantes, en primer lugar, la falta de financiamiento gubernamental a la ciencia y tecnología, que, si bien ha sido una recurrente a lo largo de la historia nacional, en el actual gobierno se ha vuelto crítica después de los recortes presupuestales y la eliminación de los fideicomisos al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT). Segundo, aunque existe un apoyo por parte del Secretario de Relaciones Exteriores al incluir a México en proyectos internacionales de vacunación, eso no ha sido suficiente. Tercero, las condiciones actuales de la vacunación en México, pues los esquemas de vacunación en la niñez no se completan, y esto se explica por décadas de abandono a la producción de vacunas en el país, y nuevamente con la falta de presupuestos en ciencia y tecnología. Hoy, los proyectos existentes luchan por crear vacunas no sólo para la emergencia epidemiológica, sino para el futuro sanitario de México.

            En ese sentido, no hay que perder de vista esos esfuerzos y ánimos, debemos velar por el seguimiento y el desarrollo de la ciencia mexicana, dejar de señalar a esa ciencia “neoliberal” que hoy está salvando vidas; porque algo que nos ha dejado perfectamente en claro esta pandemia, es que debemos de apostar en todo momento por la ciencia y los argumentos, antes que por el populismo y las emociones. No debemos, ni podemos permitir que el futuro nos encuentre igual que hoy, sin investigación, sin laboratorios, sin hospitales. Exijamos nuestro derecho a la salud, apoyemos las iniciativas de hoy para la salud del futuro próximo.



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