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SIN AGUA SUFICIENTE:

¡Poquita porque es bendita!

 

Ana Pomar, Margarita Romero, y Marcos Galindo.

 

En los últimos años la escasez de agua es un tema que ha tomado gran importancia, y no es secreto que el agua es vital. Sin embargo, el ser humano, como la especie destructiva que somos, se esmera día con día en agotarse vorazmente ese recurso esencial para su existencia. En ese contexto, el pasado 22 de marzo se conmemoró el Día Mundial del Agua. Ello, nuevamente nos permite replantear la urgencia de velar por este indispensable líquido, evidenciando diversas problemáticas que conlleva la falta de agua. 

Sin duda, este recurso, del que dependemos todos y todas para asegurar nuestra sobrevivencia, en muchas ocasiones es considerado como un bien permanente o que se encuentra al alcance de todos en cualquier momento, por ejemplo: ¿cuántas veces no hemos dejado el grifo abierto al momento de cepillarnos los dientes? ¿cuántas veces no hemos visto aspersores regando jardines todo el día? ¿cuántas veces no hemos sido testigos de una fuga de agua que perdura horas y horas sin que se repare?

En fechas recientes, muchas zonas del país se han visto rebasados por las sequías prolongadas, así como la nula lluvia que puede ser una solución a dicho problema. Además, es bien sabido que la urbanización no sólo se ha encargado de secar grandes lagos, también interviene en el ciclo del agua al impedir la absorción y evaporación del agua por las calles asfaltadas, sumando la falta de conciencia civil, misma que juega un papel crucial, ya que todos conocemos a gente que deja correr el agua con la llave abierta, gasta cantidades absurdamente grandes de agua para lavar un automóvil o la banqueta frente a su hogar, excusándose muchas veces con la frase: “para eso la pago". Aunado a ese contexto, existen presas, ríos y cuerpos de agua que presentan niveles bajos o críticos para los tiempos que corren, e, incluso, ha salido la Jefa de Gobierno en canales de comunicación explicando temas de reducción en el suministro de agua potable a la capital y que afectan las actividades que realizamos a diario e incluso más en tiempos de pandemia.

También es cierto que en la Ciudad de México este problema se hace evidente año con año, por ello nuestra intención es reflexionar sobre este recurso en el más amplio sentido. 

En particular, la CDMX ha tenido características lacustres a lo largo de los siglos, no obstante, la sobreexplotación, falta de cuidado, y contaminación, han derivado que los cuerpos de agua sean inservibles para el consumo humano, derivando en la dependencia del sistema Cutzamala, el cual abastece a buena parte de la Zona Metropolitana del Valle de México. Sin embargo, este sistema, pese a los mantenimientos anuales, se encuentra deteriorado y sobreexplotado. Además, el agua obtenida se reparte de manera desigual favoreciendo a unas alcaldías sobre otras.  

En ese sentido, se observa cómo unos espacios son privilegiados sobre otros, algo que no debería de existir en un Estado defensor de la igual y equidad entre las ciudadanas y ciudadanos. Frente a este panorama, la Ciudad de México ha implementado programas de reparto de agua mediante pipas, y de manera reciente la instalación de captadores o cosechadores de lluvia, de esa manera, este tipo de programas sociales busca disminuir las desigualdades sobre la obtención del agua. Empero, pese a que el programa se encuentra bien estructurado, termina por depender del medio natural para la obtención del líquido y éste no es apto para el consumo humano.

En ese contexto desigual, mediante el reparto de agua por pipas se pierden horas productivas, de recreación y ocio, es decir, se pierden horas hombre que pueden utilizarse de mejores maneras en el contexto social actual. Además, las personas que se dedican al almacenamiento y cuidado del agua por lo general son mujeres, en otras palabras, la carga de trabajo extra de almacenamiento recae en las mujeres y con ello se disminuye su tiempo para realizar otras actividades. Si bien es cierto que muchas personas se ven obligadas a almacenar agua en tinacos, tambos y cubetas, hay otras personas con un suministro continuo que no hacen uso racional del agua.

Otro punto importante de mencionar es el poco interés por el agua residual o sucia, ya sea desde un punto de vista de reutilización y/o en el tratamiento de la misma, puesto que es común en el contexto mexicano el que una vez usada no importa su desagüe final. Ello quiere decir que resulta poco importante a la población el nivel de contaminación generado con agua cargada de químicos, productos de limpieza, productos de higiene personal, elementos tóxicos, entre muchos otros, y que pueden representar un riesgo a futuro para otros seres vivos y el ser humano, ya sea traducido en destrucción de hábitats naturales, polución marina, corrosión de suelos, o generación de enfermedades. Es deber moral y obligación civil, erradicar el consumo de recursos naturales de forma desmedida y egoísta, e iniciar una consciencia hacia el futuro de las nuevas generaciones y de nuestra propia generación.

La lluvia es indispensable para llenar los principales mantos acuíferos de los cuales nos abastecemos en partes de la CDMX, pero en las circunstancias poblacionales actuales, resultan insuficientes por la evidente desproporción entre el agua que gastamos y el agua que se recolecta cada año. No obstante, este problema no es un evento reciente, ya que desde hace siglos hemos contribuido a esta situación de sequía, si damos un vistazo a la historia, pues, durante la colonización los españoles secaron el lago donde se encontraba la antigua Tenochtitlán, esto por la “necesidad” de cimentar a la “Nueva España", y es así como la urbanización se ha encargado de secar todo a su paso.

En ese aspecto, es indispensable resaltar que la desigualdad en el reparto de agua, la perdida de horas productivas con una evidente carga de género, la falta de cuidado del vital líquido, la pobre conciencia civil sobre su uso y reúso, además de las condiciones climáticas son quienes, hoy día,  acentúan la falta de agua en los hogares y en la vida de las personas, por ello hacemos un llamado a disminuir nuestro consumo de agua en actividades cotidianas, pero también a exigir un reparto igualitario y racional, así como incentivar el buscar otras alternativas de uso que permitan un consumo responsable basado en el máximo costo-beneficio.



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