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INFLUENCERS:


Las redes sociales como fuente de ingresos.

 


Ana PomarMargarita Romero, y Marcos Galindo.

 

La política ha sido un campo dominado en su mayoría por el género masculino, sin embargo, las mujeres han formado parte silenciosa del éxito de dichas figuras políticas; las cónyuges de los dirigentes políticos suelen ser figuras que proyectan una imagen aspiracional y empática con la población, se convierten en el foco de atención: desde su preparación educativa hasta su estilo de vestir, son, por decir algunos, los aspectos que se convierten en objeto de escrutinio del ojo público.

No es secreto que mucho del éxito y aceptación de una figura pública se debe a sus parejas, y es que es difícil imaginar a un John F. Kennedy sin una Jackie, a una Ellen Degeneres sin una Portia de Rossi. En el entorno nacional, podemos mencionar figuras mediáticas como la “Gaviota” o la actual primera dama que se ha visto envuelta en controversias después de realizar comentarios sensibles para la sociedad, como lo es la seguridad médica, y en recientes épocas el nombre de la influercer y empresaria Mariana Rodríguez ha sonado fuertemente en la vida política de Nuevo León.

Cabe decir que las redes sociales están en nuestro día a día. De hecho, con la pandemia se volvieron el medio de socialización, pasamos horas frente a FacebookInstagramTwitter, o WhatsApp, sólo por mencionar algunas. En este contexto, las figuras sobresalientes de estas redes sociales: influencers, juegan un papel crucial en la vida de cientos y quizá miles de personas: desde sus decisiones de compra, entrenamiento e incluso hasta su salud física y mental.

Recientemente, las y los influencers han estado en el centro del debate. En especial, en referencia a su participación como "embajadores de marcas partidarias", por llamarles de alguna manera. Este hecho, aunque no es una novedad, se hizo visible en las pasadas elecciones del 6 de junio. Pues, a manera de "contenido" en redes sociales se presentaron campañas de voto a favor de un partido en específico, todo en veda electoral. El hecho puso a debate el papel de los influencers y sus productos: posts, historias, en vivos o lives, ya que todos estos pueden ser vendibles, que de hecho lo hacen con diversas marcas y ahora con partidos políticos, tratando de utilizar resquicios legales para salir libres de culpa.

Estas situaciones alcanzan otro nivel con la figura de Mariana Rodríguez, a quien se le llama a rendir cuentas por el "apoyo" a su esposo, el gobernador electo de Nuevo León. Mariana se escuda en que ella sólo fue un apoyo solidario a su pareja sentimental y, quizá, bajo la premisa no dicha "detrás de un gran hombre hay una gran mujer". Sin embargo, bajo estos argumentos se quiere justificar lo injustificable, toda vez que, si bien es cierto que cada persona es libre de ser el sostén moral de otra, lo cierto es que, si ese sostén moral se vuelve en un apoyo económico, no se constriñe a lo privado, sino a lo público, y ése es el caso de Mariana, que no sólo apoyó a Samuel García como esposa, sino lo convirtió en otra especie de producto dentro del entramado publicitario que se erige en sus redes sociales.

Mucho antes de ser la futura primera dama de Nuevo León, Mariana Rodríguez ya destacaba por su carrera de modelo, y sobre todo como, influencer. Así, en sus redes sociales comparte contenido como rutinas de maquillaje, rutinas de ejercicio, y muchos otros ejemplos de publicidad pagada. Además, incursionó como empresaria, es dueña de la marca de maquillaje Mar Cosmetics. Por lo que, durante las campañas electorales que se realizaron durante la primera mitad de 2021, Mariana Rodríguez fue una pieza clave para su esposo Samuel García.

Y es que hay que tener en cuenta que estamos en una era digital en donde las redes sociales marcan las tendencias, por ello, los partidos políticos hicieron uso de las nuevas tecnologías y plataformas para dar a conocer sus propuestas: desde memes, vídeos en TikTok, y hasta parodias, fueron sólo algunas de las herramientas utilizadas. Pero todos estos intentos quedaron únicamente como un mal chiste, ya que en lugar de ganar la simpatía de los electores (sobre todo de los más jóvenes), se reflejó la pobre creatividad y las pobres propuestas de los candidatos. Es ahí donde el nombre de Mariana Rodríguez cobra fuerza, ya que por medio de sus redes hizo campaña electoral: ya sea pegando calcomanías, cantando “ponte nuevo, ponte León”, o mencionando su ya famoso “fosfo fosfo".

Esta situación nos hace cuestionarnos el poder que las y los influencers tienen, pues se suman hoy en día a campañas políticas para apoyar a uno u otro partido a cambio de un pago o quizá hasta pueden ser los que mueven a las marionetas políticas y no a la inversa. Existen entonces dos vertientes en las cuales debemos de tener especial cuidado: en primer lugar, cuestionarnos si las personas a las que seguimos y son consideradas como influencers se desenvuelven de forma ética, ya que quien lucra publicitando uno u otro producto, basándose únicamente en el beneficio económico propio, no nos asegura que tenga las mejores intensiones para vernos como un número y no como un ser humano; en segundo lugar, es necesario alzar la voz para que se erradiquen prácticas maliciosas que atenten en contra de la población: ya sea un delito como el caso de cierta youtuber que se encuentra presa, o de aquellos influencers que realizan actos nocivos por un like.

Finalmente, a pesar de que existen personas que hacen eco en el imaginario colectivo al exigir la bandera de la libertad en internet, consideramos que el campo digital también se rige bajo las normas tangibles del mundo humano. Desde esa óptica, no existe excusa alguna que exima de responsabilidades a los influencers en el terreno fáctico, así, quienes decidan diluir el terreno personal con la fuente de ingreso económico, corre el riesgo de volverse en un aparato comercial que se aleja de lo personal, con todas sus consecuencias para sí y para sus más cercanos.

 



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